Bar de esos que se ven en las películas.
Terminaba la noche, ya cansados queríamos dar una última vuelta por Fremont y terminamos viendo una banda en la peatonal. Paramos en el primer bar/casino que nos topamos para recargar energías.
Ni bien nos sentamos, el bartender acudió a ver que queríamos. Empezamos a pedir (yo fui por un amaretto sour), y el bartender tomó todos los variados tragos y, con una eficiencia envidiable, empezó a prepararlos a toda velocidad. Me fascinó el control absoluto que parecía tener. Rara vez veo bartenders con tanta cancha, velocidad y a la vez tranquilidad. Más que un laburo parecía su arte.
El trago impecable por supuesto. Aunque no pedí nada del otro mundo, la atmósfera y el hecho de presenciar tanta habilidad seguro hicieron su parte.